Las mujeres a veces somos malas con nosotras mismas, o mejor dicho muy perras. Hoy hablaremos sobre esa especie femenina canina que por suerte no abunda en demasía. Para ello me basaré en hechos verídicos que me sucedieron cuando empecé a trabajar en una conocida empresa haciendo hipotecas para un gran banco. De eso hace ya años pero aún lo recuerdo.

Bueno, la cosa empezó con una entrevista en la cual fui seleccionada. Tenía que empezar el lunes y yo toda emocionada a la par que contenta, me dirigí hacia mi puesto de trabajo y cuál fue mi sorpresa; que nadie sabía que ese día empezaba a trabajar.

Se trataba de un cubículo donde estaban dispuestas 9 mesas con sus ordenadores y las arpías delante de ellos, y se funcionaba más o menos en grupo. Cuando llegué, después de recalcarme todas que no sabían que se necesitaban refuerzos, q no se explicaban mi contratación, a duras penas se levantaron a saludarme. Las 8 hienas rondaban mi edad años más, años menos. Ya empezamos mal porque si no noto buenas vibraciones me meto en mi caparazón y no salgo nunca más.

Me sentaron en mi mesa y me dijeron que por el volumen de trabajo que tenían no podían ponerse a explicarme el programa informático…y así estuve 2 largas semanas…sin hacer NADA!!...leyendo el manual del programa pero sin verlo, ya que no tenía la clave de acceso…las horas se me hacían más largas que ver 3 veces seguidas Avatar.

Además tenían ciertos detallitos conmigo, como no decirme que se iban a almorzar, o irse casi todas juntas al metro y no esperarme, o sencillamente hablar a mis espaldas. Ante este clima estuve muy a punto de tirarlo todo por la borda y pirarme de las locas que me odiaban sin ningún sentido, pero claro el sueldo estaba muy bien y era una gran oportunidad para abrirme curriculum en este campo. Además, mi madre, que es muy sabia además, no se cansaba de repetirme “más vale que te tengan envidia (es un decir) a que te tengan pena”. Y esto me gustó, así que me quedé.

Lo que al principio veía como un grupo muy unido, luego me fui dando cuenta que entre ellas había fisuras, porque en realidad había 2 grupos y ambos se ponían a caldo. Imaginaos lo que dirían de mí que me acababan de conocer!! Es decir que solo se unieron para hacerme el vacío y ver de qué palo iba. Realmente, lo pasé mal, llegaba al trabajo con un nivel de estrés altísimo, sobre todo cuando teníamos q bajar a almorzar o a comer q era cuando me ignoraban.

Pero como por estas situaciones desgraciadamente hacía poco que había pasado (o caigo muy bien o caigo muy mal sin hacer méritos para una cosa o para la otra) opté por enervarlas y ya que les caía mal, caerles peor. Así que me puse más a la defensiva con ellas y extrañamente, la verdad es que no me funcionó, porque cuando vieron que no iba a almorzar con ellas, o que comía con una compañera de la oficina análoga (les ponía los cuernos laboralmente), se fueron acercando más a mí. Al final, conseguimos tener una relación cordial que se rompió de nuevo cuando me llamaron para trabajar en un sitio mejor (donde trabajo ahora) y donde debía incorporarme en 2 días. Imaginaos los nervios que pasé por el hecho de cómo decirles que me iba…en 2 días!! En pleno boom hipotecario!! Pero lleguó el día siguiente y les dije a todas que me había salido una gran oportunidad laboral…bla..bla..bla...e inmediatamente sacaron la katana con toda serie de comentarios despectivos (aunque sin insultos, por supuesto) sobre mi forma de proceder... (MI FORMA DE PROCEDER?? HABÉIS ESTADO JODIÉNDOME 4 LARGOS MESES AHORA QUE ME ESTÁIS CONTANDO?)

Pasé un día de perros porque las indirectas, los cuchillos, las hachas y todo material puntiagudo y doloroso volvieron a clavarse sobre mí y mi hígado, así que a mitad de mañana cogí y me piré, porque para aguantar a chungas mejor me voy. Y me fui!! Y lo mejor de todo es que me pagaron todo; finiquito y los días q había trabajado ese mes sin descontarme los 15 días por no avisar. Así que por lo menos me fui bien remunerada!

En fin, un infierno estrogénico casi olvidado!